GESTIÓN SOCIAL

El ruido: infractor de la armonía y de la paz

A medida que el ser humano se fue desarrollando, se fueron también incorporando las ciudades e  industrias, y junto a ellas diferentes aparatos, instrumentos y equipos que si bien cumplen su objetivo,  fueron acabando con el añorado silencio e hicieron surgir uno de los elementos más dañinos de la era moderna: el ruido

¿Se han puesto a pensar en cuán perjudicial es éste para nuestra salud? ¿Cuántas veces al día escuchamos estrepitosos y a veces ensordecedores sonidos al rondar por la cuidad? Incluso desde que iniciamos el día, es una escandalosa alarma la que nos alerta que es  hora de levantarnos. Pues adivinen, todos estos ruidos constituyen formas de contaminación acústica y de graves efectos para nuestro organismo.

Por esta razón, el pasado 24 de abril, se llevó a cabo en el Centro Histórico de Quito la campaña contra el ruido para concientizar y sensibilizar a la ciudadanía sobre las consecuencias que tiene el exceder el nivel de ruido para la salud y el bienestar social. “Dile no al ruido” es el nombre de la campaña impulsada por el Municipio Metropolitano de Quito donde 210 estudiantes de la Unidad Educativa Municipal Sucre y del Colegio Católico Mixto "Isabel Tobar"  fueron partícipes de esta iniciativa  tan benefactora.

Fue mediante mimos y alterantes mensajes en carteles con los que explicaron sobre los efectos que tiene el uso indebido del pito en los vehículos, pues son ellos los principales contaminantes dentro de la cuidad.  A las personas que sumaron a esta causa se les entregaron coloridas pulseras.

El nivel de ruido tolerable para una persona es de 50 decibelios (db) según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y muchas de las veces éste es sobrepasado, especialmente cuando hay tráfico llega a los 80 db, lo cual es ya considerado nocivo para la salud. Si excede los 85 db empieza a provocar daños auditivos, como por ejemplo el sonido de las maquinarias empleadas por los trabajadores en fábricas;  y entre los 120 y 130 db provoca dolor, como en un concierto de rock o el despegue de un avión.

Diariamente estamos expuestos a tantos ruidos en nuestra vida, desde la música alta hasta los molestos pitos en la calle. Todos estos provocan irritabilidad, tensión, ansiedad, sordera, estrés, dolor de cabeza, fatiga e incluso problemas cardiovasculares y trastornos del sueño.

No dejemos pasar este tema como algo sin mayor importancia en nuestra vida, ya que se lo debe tratar con suma delicadeza y cuidado buscando obtener un cambio de actitud en la sociedad, donde se fomente el respeto, la mesura y el silencio, para así finalmente lograr reducir la contaminación sonora que perjudica gravemente al cuerpo, tanto física como psicológicamente.

Nuestra calidad de vida se ve afectado por la innecesaria generación de ruido,  es así como muchos “pierden la cabeza” cuando se ven rodeados de sonidos con alto nivel de volumen. Por lo tanto, también debemos buscar las maneras de protegernos como taparnos los oídos, usar cobertores o tapones. De igual forma, procuremos escuchar música con niveles normales, hablar bajo, no gritar a las personas y usar la bocina de los autos solo si es una emergencia. Si logramos poner esto consejos en práctica, llevaremos  una vida saludable donde  podamos fomentar una sana convivencia entre todos.

¡Cuán diferente nos sentimos al estar en un lugar donde reina la paz y el silencio! Allí, nuestra mente y cuerpo goza de la tranquilidad y armonía de la vida. Pero, lamentablemente, cada día debemos  soportar constantemente el ruido provocado de diversas fuentes, especialmente en la cuidad donde éste es  uno de  los principales actores dentro de nuestras actividades cotidianas.

Paremos, de una vez por todas, el molesto e irritable comportamiento de nuestro “amigo” el ruido  que lo único que ha hecho es traer más problemas a una sociedad que está repleta de ellos. La paz implora a gritos su pronto retorno al mundo, pues fue poco a poco desterrada debido a la prepotencia del terco ruido que buscó siempre la manera de formar parte de la vida humana.

Debemos determinarnos a disminuir sus efectos y consecuencias para acabar así con el reinado de uno de los gobernantes más injustos: el ruido. Iniciemos un cambio dentro del medio y ayudemos a que nuestro hogar, el mundo, ya no sea contaminado y molestado por uno de los más grandes infractores de la armonía y tranquilidad; su nombre ya lo conocen, ya que es constantemente escuchado.

“La corte de la paz” ya lo ha dictado, en su sentencia, como el  culpable de infringir la ley universal del derecho a la serenidad en la vida. Solamente resta que nosotros, los demandantes, encerremos al ruido y lo mandemos a tomar conciencia sobre sus actos para que así retorne finalmente la paz al mundo. 

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Author: Anonym
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